Conspiran y se lavan la cara PDF Print E-mail
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Local News - Locales
La forma en que se han ido hilvanando los acontecimientos tras la fuerte explosión registrada el viernes, al filo de las 12:30 la madrugada, en varios tanques de la antigua refinería Gulf, en la zona industrial que transcurre entre Guaynabo y Cataño, genera sospecha.

El clima de tensión que protagoniza el Gobierno, el silencio hermético de los directivos de la Gulf, la inacción de las autoridades federales ante un crimen ambiental de tal naturaleza, la obstinación del Superintendente de la Policía –y otras figuras del gabinete de Luis Fortuño– en alegar un presunto vínculo terrorista, la cronometrada agenda de contingencia gubernamental y el bien orquestado plan de relaciones públicas del Primer Ejecutivo parecen ser líneas sacadas del libreto de la famosa película “Wag the Dog”.

Así lo señalaron algunos científicos sociales y expertos al examinar el contexto en que se produjo el funesto incendió que se ha robado la atención de toda la ciudadanía en las últimas horas.

Walter Angiosto, profesor visitante en la Universidad de Puerto Rico en Utuado y experto en Comunicación Social, advirtió que los gobiernos fascistas suelen recurrir a acciones conspirativas para, produciendo eventos catastróficos, desviar la atención ciudadana y aparentar ser “eficientes, compasivos y humanitarios”.

“La historia está ahí para revisarse, y en ella encontraremos las actividades terroristas que los Estados han conducido para legitimar su orden justo en momentos en que la sociedad los fustiga”, manifestó el sociólogo italiano.

Sus expresiones podrían explicar el contexto de la realidad puertorriqueña actual cuando el País vive una de las explosiones sociales más contundentes de su historia reciente, como consecuencia de las políticas neoliberales que impone el Ejecutivo y la Legislatura penepé, marcada, fundamentalmente, por el despido de más de 20 mil empleados públicos y la imposición de las Alianzas Público Privadas.

“Examinando lo que pasa en la Isla, y el rotundo rechazo del pueblo al gobierno en tan sólo diez meses de ejercicio administrativo, no es descabellado pensar que, desde una óptica derechista, hacía falta un fuerte estallido que pusiera en el ‘mainstream’ la labor de los gobernantes y revirtiera su imagen para venderse como eficientes, proactivos y con apego y sensibilidad a las necesidades del pueblo. Y para eso, qué mejor que una tragedia que pueda atribuírsele, además, a las acciones de tus opositores a quienes has señalado como terroristas”, indica el catedrático.

En esa misma línea, el profesor Harold James agregó que los gobiernos saben bien cuándo y cómo emplear prácticas de terrorismo de Estado para justificar políticas represivas y generar pánico en la ciudadanía.

“Atacar un objetivo concertadamente para justificar posturas punitivas y actividades represivas es la orden del día en cierta mentalidad política”, dijo James, cuya disertación doctoral para la Universidad de Yale fue, precisamente, la conspiración del gobierno de Carlos Romero Barceló para asesinar a dos jóvenes independentistas en el Cerro Maravilla al tiempo que buscaba “lavarse la cara” ante las autoridades estadounidense para adelantar su agenda anexionista tratando de crear pánico y aversión contra las fuerzas de liberación nacional.

“Por regla general, los malos gobiernos aguardan por sucesos desgraciados para consagrarse con la ciudadanía y borrar de la memoria colectiva los malos momentos y los penosos desaciertos de sus políticas públicas. Esa es la razón por la que la sapiencia popular suele aclamar con un ‘se salvó el Gobernador’ cada vez que somos víctimas del paso de un huracán o nos ahoga los estragos de un fuerte aguacero”, anotó, por su parte, Lydia Carrero, investigadora del Consorcio de la Realidad Puertorriqueña con sede en Washington D.C.

“Las desgracias, aunque suene morboso, suelen ser buenos antídotos para disminuir el efecto negativo de las acciones de los gobiernos. Es la receta perfecta para desviar la atención de la ciudadanía o, simplemente, para adelantar agendas; por eso cuando no ocurren, las provocan”, acotó.

La suma de los eventos que han marcado el siniestro incendio de la madrugada del viernes devela, en gran medida, que estamos frente a una conspiración del Estado para crear un clima de desasosiego, miedo e intranquilidad. También pretende manchar la imagen de los sindicatos y los miembros de sociedad civil que abiertamente han protestado la Ley 7.

Una fuente de La Fortaleza admitió a Contratodaautoridad que, desde hace varias semanas, el gobernador Luis Fortuño aclamaba porque la vida le sorprendiera con un evento que le ayudara a “limpiarse la cara ante el País”.

“Él quería que pasará algo grande para aparentar que tiene las cosas en control y que está velando por el bienestar de los puertorriqueños”, dijo.

Agregó que la llegada a la Mansión Ejecutiva de Marcos Rodríguez Emma se da en carácter de estratega político más que en calidad de Secretario de la Gobernación.

“Ese tipo (Rodríguez Emma) es peligroso. Si miras bien, el incendio del viernes tiene todos los elementos sombríos y sospechosos que rodearon los asesinatos del Cerro Maravilla y en condiciones parecidas a las que vivimos hoy”, apuntó James.

Para Lino Arteaga, en tanto, la gran sorpresa de este evento es que es “demasiado lindo para ser cierto”.

El experto en Administración Pública de la Universidad Metropolitana de Cupey llama la atención a la forma tan sistémica y coordinada en que el gobierno ha fingido manejar este conflicto.

“Todo está calculado. Muy estructurado para ser una emergencia nacional que te saca de la cama sorpresivamente en la madrugada. Algo raro hay aquí y más en una administración que no ha logrado nada favorable para el país en diez meses y que, por el contrario, se ha ganado todos los premios de la mediocridad”, advirtió Arteaga, que conoce bien las formas de operación gubernamental y es un experto en proceso organizacionales de gobiernos.

Otro ángulo que evoca sospecha en este incidente es el silencio del Gobierno Federal en la Isla y la ausencia en la esfera pública de los directivos de Caribbean Petroleum, dueños de la refinería Gulf.

“No podemos entender cómo a esta altura nadie ha levantado una acusación contra la Gulf por crimen contra la humanidad, terrorismo, asesinato de la Ciénaga Las Cucharillas y el Estuario de San Juan. El mutis de los federales es altamente dudoso, pero peor es la sobreprotección que le han dado a los jefes de la procesadora de petróleo”, indicó el analista Arsenio Pabón Rivera.

Pabón Rivera reveló que hay información que apunta a que desde hace varios días empleados de la Gulf se percataron de un fuerte olor y que, de inmediato, alertaron a sus superiores, pero no le hicieron caso.

De la misma manera, un líder comunitario del sector de Juana Matos, en Cataño, sostuvo que los escapes de gasolina de la Gulf eran continuos y que en muchas ocasiones han tratado de advertir a los ejecutivos de la empresa sin éxito.

El líder también denunció el problema de filtración persistente de la planta, que tiene un equipo de operación viejo al que no se le da mantenimiento adecuado ni preventivo.

“Es la misma razón por la que hace años esta compañía tuvo un accidente similar”, dijo.

Esta información la confirmó, en gran parte, la relacionista pública de la Gulf, Frances Rosario, en la única comparecencia pública que, colmada de cinismo y falta de profesionalismo, tuvo a nombre de sus clientes el sábado, 18 horas después de la primera explosión.

Para sorpresa de los medios de comunicación, la vocero de la Gulf no mostró ninguna preocupación por los miles de refugiados que hay como consecuencia del fuego. Menos interés mostró por la seguridad de las propiedades de los residentes del área, de los viejos, niños, las escuelas y hospitales.

“Ésta se cree que esos fuegos son como los de Disney. Es que no se da cuenta que la Gulf acaba de asesinar nuestras vidas y la de nuestras comunidades”, dijo airada Milagros Ortega, una de las residentes de la sección cuatro de Levittown que, como otras cinco mil personas, se vio forzada a abandonar su residencia para instalarse en un refugio.

 

 

 

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